Podríamos definir el ajedrez como el punto en donde la razón y la emoción convergen produciendo en el cerebro una explosión de sustancias químicas, conexiones variopintas entre diferentes áreas del cerebro dando como resultado el inconsciente despertar neuronal…y esta es precisamente la magia que esconde el ajedrez, el papel de la diversión y el juego como entrenamiento cerebral.

El juego del ajedrez nutre al cerebro un componente cognitivo -en funciones como la atención, la memoria, las funciones ejecutivas, entre otros- y un componente emocional –la superación personal, la autoestima, la confianza, la tolerancia a la frustración…-

¿Es entonces el ajedrez una potente herramienta educativa y terapéutica para el ser humano?

La respuesta es SI.


Un entrenamiento neurocognitivo, está demostrado que el ajedrez estimula:
  • La atención a los diferentes estímulos que se van produciendo en el transcurso de una partida de ajedrez, mis piezas y las del rival, las casillas en las que están colocadas, etc.
  • La memoria es imprescindible a la hora de recordar el movimiento de cada una de las piezas, los patrones de juego, el recuerdo de aperturas, de jugadas realizadas anteriormente…
  • Las funciones ejecutivas son las que permiten que nuestro cerebro pueda pensar y calcular la infinita cantidad de posibilidades. De trazar, organizar y ejecutar un plan para conseguir ganar al rival.

 

Un entrenamiento emocional, una escuela para educar en:
  • La resiliencia es la fortaleza mental que nos permite seguir luchando de manera positiva a pesar de las adversidades. En el ajedrez se aprende a base del fallo y de la derrota y es a partir del cual en el que vamos construyendo nuestros patrones de juego pero también de resistencia y tolerancia a la frustración, a esquivar y superar obstáculos que el rival o la vida misma nos presenta en nuestro camino.
  • La superación personal, que junto con la constancia y la perseverancia hacen posible el cumplimiento de nuestros propios objetivos. Con el aprendizaje del ajedrez y la puesta en práctica de ello estamos inculcando valores de motivación, de valor del trabajo, de esfuerzo…que son extrapolables a otras facetas de la vida.
  • El aprendizaje de la victoria y la derrota, que al fin y al cabo son dos caras de la misma moneda. Saber ganar con respeto y humildad; pero también saber perder y encontrar diferentes formas de superar los obstáculos que entorpecen la victoria.
  • La responsabilidad de cada una de sus jugadas y acciones. Jugando desarrollamos el valor de autonomía, el ajedrecista es el propio creador de su partida, de sus acciones y no tiende a  buscar excusas externas para justificar el fallo de sus jugadas.
  • El juego limpio, pues las trampas están penalizadas. Además, en nuestro deporte antes y después de comenzar una partida es obligatorio darse la mano como señal de respeto “En el tablero somos adversarios, pero ante todo somos personas”.
  • La empatía con el rival, aprendiendo el significado emocional de la derrota y cómo esta debe quedar en un segundo plano, pues en algún momento será el vencedor el que pase a derrotado.

 

“Si pudiéramos observar el interior de la cabeza de un jugador de ajedrez, encontraríamos ahí un mundo lleno de sentimientos, imágenes, ideas, emoción y pasión”

(Alfred Binet)

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